Louis Moreau Gottschalk

Louis Moreau Gottschalk



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Louis Moreau Gottschalk nació en Nueva Orleáns en 1829. Su padre, hombre de negocios erudito y políglota, de ascendencia judeo-española, era originario de Londres. Su madre pertenecía a la nobleza colonial francesa. En ese entonces, Nueva Orleáns era una ciudad cosmopolita y atractiva. Pertenecía a los Estados Unidos sólo desde 1803 (vendida por Francia) y en ella se hablaba más bien francés (o criollo) y español, que inglés. El extraordinario talento de Louis Moreau Gottschalk se manifiesta a temprana edad. A los 13 años sus padres lo envían a París. Pero los prejuicios en contra de los "bárbaros americanos" (que no podían ser genios musicales) eran tales que no pudo ni siquiera ser admitido a una audición para ingresar al Conservatorio. Entonces, estudió en privado con Stamaty, maestro que también daba clases al pequeño Saint-Saëns de 7 años de edad. En 1845, Chopin le predijo una gran carrera. En 1849, Gottschalk se encontraba ya en el inicio de su gloria, a la vez como pianista virtuoso y como compositor. Cosechaba triunfo tras triunfo en sus muy frecuentes conciertos.

Berlioz decía de él: "Gottschalk forma parte de los pocos que poseen todos los elementos de un consumado pianista, todas las facultades que lo rodean de un prestigio irresistible y que le confieren un poder soberano. Es un músico completo; sabe perfectamente hasta donde la imaginación puede tolerarse en la expresión. Conoce los límites más allá de los cuales cualquier libertad que se tome con el ritmo sólo produce confusión y desorden y no los franquea nunca. Hay una gracia exquisita en su manera de frasear dulces melodías y de desgranar sobre las teclas, pasajes cortos y livianos sobre los agudos del teclado. La audacia, el brillo y la originalidad de su ejecución son sorprendentes y deslumbrantes." El joven pianista se distingue por su considerable rapidez en el toque de octavas, sus adornos agudos que suenan como una lluvia de perlas y sus repeticiones de notas extremadamente rápidas.

Sus obras para piano extasiaban a su auditorio. Además era un hombre apuesto, amable y generoso, dotado de una marcada debilidad para con sus numerosas admiradoras y por sobre todo, saboreaba la vida en el Trópico.

En 1863, escribe, mientras se encontraba en Nueva York: "Reto-maba la vida según las costumbres de aquellos países primitivos que, si bien no son estrictamente un ejemplo de virtud, son al menos terriblemente atractivos. Volvían a mi mente aquellas hermosas trigueñas de labios rojos y pechos morenos, ignorantes del mal y pecando con franqueza, sin temor a la amargura del remordi-miento. Los moralistas, ya lo sé, condenan todo eso y tienen razón. Pero la poesía, a menudo, es contraria a la virtud. Y ahora que estoy tiritando bajo el viento helado y el cielo gris del norte, ahora que escucho las discusiones sobre Erie, Prairie du chien, Harlem y Cumberland, ahora que leo en los periódicos las listas de muertos y heridos, las devastaciones provocadas por incendios, los raptos y asesinatos come-tidos por ambas facciones a cargo de represalias, pienso que disculpo a los semi-salvajes de las Sabanas que prefieren su barbarie poética a nuestro progreso salvaje."

Gottschalk pasó los últimos años de su vida en América Latina y falleció en 1869 en Brasil.

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